Una constante metamorfosis tenía al pobre Ingo postrado frente el devenir, todo lo alterno a él continuaba ahí por que sus pasos no soportaban el peso de descubrir lo nuevo. Estaba ahí como frente a un terrible conocimiento, pero él seguía ahí, irresoluble, como embobado, postergando el pensamiento.
Es que Ingo al igual que muchos de nosotros no quería descubrirse, temía mas de si mismo que de un mero conocimiento matemático, Ingo prefería ser incorruptiblemente ingenuo, que verse en el espejo y descubrir que la verdad no le hacia falta.
Para una eclipsada mente escribir es mas posible y si la persecución no tiene fines claros es mejor aún; es como no tener fines de lucro. Eso es lo que anhelo encontrar...
sábado, 15 de diciembre de 2007
No somos esfinges
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Muchas veces me han bendecido y he sentido protección, y yo misma, en mis desdichadas búsquedas nocturnas he reprochado a mi destino las ma...
1 comentario:
Me gusta. Deberías escribir más.
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