El ocaso de nuestras palmas prende en la sangre
como el sol embravece al mar a las siete…
yo se que lo recuerdas.
Y en la somnolencia de no llegar al abismo de Morfeo,
escucho su voz susurrando; recitando mi nombre,
mientras sus empedradas caricias construyen su camino enceguecido
me quedo junto a su compás silencioso
a su razón endurecida y su alma caída.
En su cadencia y su piel hay cristales,
hay argumentos y verborrea que nada importa para mi amor
y es que el ritmo de su vida y su andar vertiginoso
han dejado grietas en nuestra casa,
pero su voz no se ha disuelto, sigue en miel.
El aire se fuga por las grietas de nuestra casa
y el frío nos cubre las pieles,
mientras el ocaso de nuestras palmas prende en la sangre
como el sol embravece al mar a las siete…
yo se que lo recuerdas.
NB
1 comentario:
Cada vez que recuerdo como el atardecer embravece las olas, mas recuerdo mis manos en tu silueta humeda, cada vez que veo el amanecer, a las seis con treinta un beso, una caricia y nuestras manos hacen comenzar todo otra vez... y con eso ya nos dan las siete.
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